domingo 15 de enero de 2012
Pregunta:
¿Si tuvieses que perder un sentido por cual te decidirías?
Respuesta:
La vista no, que no vería los paisajes.
El oído no, que no oiría la música.
El olfato no, que no olería las flores.
El gusto no, que no saborearía las frutas.
El tacto no, que no sentiría los abrazos.
Preferiría perder el sentido común, que para lo que me vale…
Respuesta:
La vista no, que no vería los paisajes.
El oído no, que no oiría la música.
El olfato no, que no olería las flores.
El gusto no, que no saborearía las frutas.
El tacto no, que no sentiría los abrazos.
Preferiría perder el sentido común, que para lo que me vale…
viernes 6 de enero de 2012

¿Los Reyes Magos son verdad?
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a
escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus
actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con
miedo, le dijo:
- ¿Papa?
- Sí, hija, cuéntame
- Oye, quiero... que me digas la verdad
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido
- Es que... -titubeó Blanca
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando
descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro
tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña
y tragando saliva le dijo:
- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que
existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos
pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me
habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que
existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de
Blanca .
- Entonces no lo entiendo. papá.
- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar
porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el
padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa
que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para
él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
- Cuando el Niño Jesus nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados
por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le
llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan
contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor,
dijo:
- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a
todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de
hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de
niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos
compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque
somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder
recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero
sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían
realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía
escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el
Portal:
- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros
regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme:
¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas.
Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño
que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos,
pero. no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino
dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los
tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben
querer mucho a los niños? -preguntó Dios.
- Sí, claro, eso es fundamental - asistieron los tres Reyes.
- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los
niños?
- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez
más entusiasmados los tres.
- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los
niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que
Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres
Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos
regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos
los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y
de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También
ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se
haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los
niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les
contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades,
los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y,
alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos
todos son más felices.
Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la
niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí que lo entiendo todo papá.. Y estoy muy contenta de saber
que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la
mano mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el
año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres
Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
Anónimo
domingo 25 de diciembre de 2011
Palillos y guitarras (Villancico)
Estribillo
Palillos y guitarras
ya están sonando
por las sierras de Huelva
y por los llanos.
Estrofa
Y por los llanos
vienen corriendo
que el Niño en el Rocío
ya está naciendo.
Estribillo
Palillos...
Y por las arenas
van las carretas
cargadas de canciones
y panderetas.
Estribillo
Palillos...
Y los caballos
en la laguna
relinchan muy alegres
bajo la luna.
Estribillo
Palillos...
Y en el Portal
y en el Portal
sueños e ilusiones
para la humanidad
para la humanidad
para la humanidad.
Adelaida Hidalgo
Palillos y guitarras
ya están sonando
por las sierras de Huelva
y por los llanos.
Estrofa
Y por los llanos
vienen corriendo
que el Niño en el Rocío
ya está naciendo.
Estribillo
Palillos...
Y por las arenas
van las carretas
cargadas de canciones
y panderetas.
Estribillo
Palillos...
Y los caballos
en la laguna
relinchan muy alegres
bajo la luna.
Estribillo
Palillos...
Y en el Portal
y en el Portal
sueños e ilusiones
para la humanidad
para la humanidad
para la humanidad.
Adelaida Hidalgo
lunes 12 de diciembre de 2011
domingo 18 de septiembre de 2011
Desde mi sombrilla
Todo sabe a salado: El viento, las flores,
el canto de las gaviotas... mis recuerdos.
Arena, vida, mar.
Mar de mi silencio.
Pasión dormida en el letargo del recuerdo.
Letanía de verdades ocultas.
Atardecer infinito, oleaje de farándulas,
calle amarilla, buzón sin cartas,
mayo sin domingos.
Nunca me bañaré en un mar de estrellas
ni regaré la arena con mis besos.
¡Amarga letanía!
Me debato entre este mar y mis recuerdos,
desafinando el camino con el primer acorde
que encuentro... oliendo a melancolía,
a piel sin acuífero, a tiempo.
Hartazgo de amontonar desvelos.
Hoy me basta este mar sin mácula
para que nazcan soles de nuevo.
Adelaida Hidalgo
lunes 25 de julio de 2011

Aferrada al recuerdo
Sentada en el balcón de mi esperanza
pasaste un día más y me miraste
y al brillo de mis ojos encontraste
trazando un cielo azul en alabanza.
Bailamos sin respiro locas danzas
y el frenesí acabó con tal desgaste
que todo se rompió viniendo al traste
y puso nuestro amor en la balanza.
Los días van pasando, y mi lamento
se llena de recuerdos... y aquí sigo
aferrada a la rama del olvido;
esperando que un día no lejano,
al fin vuelva rendido y de mi mano
vivamos este amor que dentro anido.
Adelaida Hidalgo
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