
Allí sigue la vieja parra, llena
de uvas doradas como antaño, cuando
la vida rebosaba, perpetuando
eterna juventud que aún resuena.
Allí sigue el sillón, y la azucena,
las violetas, las rosas... atenuando
el dolor de la ausencia, recordando
la niñez, los paisajes, risa y pena.
Absorta pasan horas, los detalles
retornan con premura a mi memoria:
mis padres, mis hermanos y sus calles.
Es muy fina la línea divisoria
del ayer y del hoy, extensos valles
que la vida forjó como mi historia.
Adelaida Hidalgo